lunes, 7 de octubre de 2024

ANDORRA, LA PUERTA (TRASERA) DE ENTRADA A ESPAÑA.

 

Tras casi seis meses, el 19 de septiembre enfrento las últimas montañas que me separan de España.
La sensación de aventura quedó atrás desde la entrada en Europa. Hace semanas que el viaje ha pasado de tener vida propia en función de los acontecimentos a estar orientado a aterrizar de forma suave en España con las visitas a la familia antes de regresar a Ibiza.
Y ahí, al sur, detrás de esas montañas, está Andorra. Allí encontraré a mi hermano Jaime y su familia, los primeros a los que podré abrazar después de todo este tiempo y de todas estas vivencias...



Una jornada preciosa de carreteras reviradas en muy buen estado que me conducen alegremente hacia la carena del Pirineo. Y, en el punto más alto del trayecto, el coll d'Envalira da paso a la carretera que desciende a Andorra la Vella. Una carretera espectacular por sus vistas y su construcción que deja claro el poderío andorrano...
Y, por fin, ¡la civilización! Andorra la Vella es una moderna pequeña ciudad en la que se respira calidad de vida y prosperidad.
Primera cerveza de celebración.


No estoy en España, pero estoy en casa de mi hermano en un lugar cuya lengua oficial es el catalán. Así que: ¡como si lo estuviera!


Adquisición de la última bandera del viaje...


¡Colección completada!


Tras una cena y noche reparadora en una cama de verdad, Jaime despliega el programa de actos de su recibimiento con una ruta off-road bajo la lluvia que, a través de pistas embarradas y unas vistas maravillosas (supongo, porque estábamos constamentemnte dentro de una nube), nos llevan de Andorra, ahora sí, ¡a España! Por el camino de los contrabandistas, eso sí, sin mediar frontera ni nada. Así que me perdí la foto con el cartel oficial de entrada en España... no todo podía ser perfecto... 😅
Lo disfrutamos como nos gusta: sobre la marcha y sin pensar demasiado. Sin atender a las inclemencias del tiempo.




Una fantástica aventura que nos llevó hasta un idílico refugio de montaña que no podía ser mejor escenario para este reencuentro de hermanos amantes de la aventura. 




Leña seca, hermosa chimenea con graellas, mesa con bancos y altillo de madera para dormir. Chuletones, cerveza y vino. Entrañable compañía. ¿Qué más se puede pedir?



El día siguiente continuó la lluvia y continuó el barro y los caminos alpinos. Regresó de nuevo la aventura del viaje por unas horas más.
Y esta vez el fin de trayecto era la maravillosa casa en Montardit de Dalt, en el Pallars, de los suegros de Jaime. Encuentro para celebrar el cumpleaños de Clara en familia, con una fantástica comida junto al fuego que me hizo empezar a valorar el regreso a España...



¡¡Gracias Jaime y familia Jové!!