martes, 8 de octubre de 2024

REGRESO A BARCELONA. LA FAMILIA.

El día 26 de septiembre, descansado, bien comido (a la gallega) y contento de los buenos ratos pasados con mi hermano, abandono Galicia pronto por la mañana rumbo SE. Así como la Terra Galega me recibió con un día atípicamente soleado y caluroso, esa mañana me despedía con una característica lluvia fresca que me obligó a equiparme bien para el viaje. La lluvia y el frío me acompañarían 550 km de los 600 que tenía hasta Madrid.
Y allí, en la capital, me esperaba una bonita tarde soleada y mis primos Jaime y Gonzalo que nos despidieron al iniciar el viaje desde allí seis meses atrás.


Volver a verlos en el divertido loft de Jaime, contarles el viaje, las experiencias y las sensaciones; recibir la vienvenida de los últimos que nos despidieron fue un momento de sensación de cerrar el círculo. Emotivo, alegre, cálido.
 

Muchas gracias Jaime y Gonzalo por esos vinos bien acompañados de acogimiento familiar!

Viernes 27 por la mañana, amanece un día espléndido (como diría el abuelo) para disfrutar de los emotivos últimos 600 km de viaje en moto.
La A2 y la AP2, prácticamente para mí solo, se me hacen preciosas carreteras que me llevan relajadamente a buen ritmo hacia Barcelona.
Para dejar buen sabor de boca, la jornada me tenía reservado un par de entrañables encuentros para rememorar la camaradería vivida en la carretera todos estos meses.
En una gasolinera, llegando a Zaragoza, coincido con Javier, un veterano motorista al que había adelantado y saludado 50 km atrás. Javier resulta no solamente ser un veterano de la carretera sino un veterano de la medicina militar que acude a un encuentro en Zaragoza. Tras la clásica conversación motera de gasolinera, me diagnostica una epicondilitis en el codo derecho que explica el dolor que vengo sufriendo hace meses y el adormecimiento de la mano por las noches dentro del saco. Me augura una recuperación sin más una vez terminado el viaje y dejando de conducir 5 h al día....😅
En la última parada para repostar antes de Barcelona, atraída por la colección de banderas de mi chaqueta, entablaré conversación con Inga, la mujer que atiende la gasolinera más bonita de mi viaje en el Alt Camp. Resulta ser Ucraniana y mantenemos una delicada pero interesantísima y cariñosísisma conversación con respecto a mi experiencia en Rusia y su conocimiento del conflicto... Una hora de café y cigarros que supondrá una bonita despedida y reflexión de las experiencias de carretera de este viaje.


Gracias Inga, flor de Jersón.

Km 39.450 de viaje, entrada en la Avenida Diagonal de Barcelona, recuerdo en la retina del fin de tantos viajes con esta vista de entrada a la Ciudad Condal.


Emoción fuerte: mezcla de alegría y nostalgia. Desfile de imágenes de una intensa realidad vivida que, semáforo a semáforo, van saltando del presente al cofre de los recuerdos imborrables.
Y casi sin darme cuenta, con una total sensación de normalidad, como si regresase de un fin de semana en el Pirineo, estoy de nuevo en casa de mis padres. Como si el tiempo no hubiera pasado. 
Las relaciones fuertes asumen el paso del tiempo de una forma especial. En realidad como si no existiese. Parece que fue ayer que nos despedíamos en el umbral de esta puerta en la que ahora nos reencontramos 174 días después (un día solar menos para mí).
Recibimiento en familia numerosa: Padres, Juan, María, Pedro, Simón, Pipe y Mati. Ahora sí la familiar sensación del hogar lleno de gente, de risas, de carreritas, de gritos, de llantos intrascendentes. El valor de las raíces...la felicidad comunitaria. 


Tiempo igualmente para los amigos que quedaron aquí pero estuvieron siempre allí, como pasajeros ingrávidos a lomos de Khongor...


Gracias a TODOS por estar ahí. Por no dejar lugar a duda de que junto a vosotros es el mejor lugar del mundo en el que se puede estar.




MARISCADA DE CELEBRACIÓN EN FERROL

El siguiente punto de aproximación de mi 'soft landing' era Galicia, la visita a mi hemano Andrés que había prometido una buena mariscada de celebración. 

Saliendo del Pallars en dirección a Galicia vía Lérida, Zaragoza, Logroño, Burgos y León me sabía ya en España, ya en casa.
Pero un motorista siente de verdad eso cuando empieza a encontrarse con los imperecederos iconos de las carreteras españolas. 


500 km hasta Burgos ya era una jornada más larga que lo que he venido haciendo durante los últimos meses. y solamente era la mitad de recorrido hasta Ferrol. Así que tocaba parar para hacer noche y, para que no se sintiera de menos, había que aprovechar la última oportunidad de hacer una acampada rutera en España.
Era domingo 22 de septiembre, así que nada abierto por los pueblos cercanos. Paré en una gasolinera a comprar algo que cenar en mi campamento. No tenían nada parecido al pan ni embutidos más que sandwiches triangulares prefabricados en caja de plástico. Me pareció absolutamente indigno 'celebrar' mi última acampada con estas viandas tan poco castizas. Pero el señor que atendía la gasolinera me puso en bandeja la solución a mi dilema (que no problema). Me hizo sentir como solamente en los hospitalarios países de asia me había sentido. Viéndome dubitativo y decepcionado me ofreció, con mucha prudencia, una bolsa de comida que unos viajeros se habían dejado en las mesas de pic nic de la gasolinera al mediodía. En la bolsa había: pan de molde, varios paquetes de embutidos, un paquete de galletas y una botella de agua. Todo escasamente abierto y empezado pero ¡¡absolutamente aprovechable!! 
Así que, con este inesperado botín y muestra de hospitalidad en España, me busqué una apartado emplazamiento en un tramo del Camino de Santiago en el que disfrutar de mi última noche salvaje del viaje.



A la mañana siguiente, habiéndome acostado pronto, estaba en marcha antes del amanecer. Recogí rápido con la ilusión de hacer un tramo nocturo del Camino.



Pero tras media hora disfrutando del off-road nocturno empezaba a encontrarme peregrinos caminando en la oscuridad a los que tenía la sensación de estar rompiendo el momento, más allá del peligro de encontrarlos a oscuras tras cualquier recodo del sendero.... Así que decidí abandonar y regresar a la carretera y dejar a los caminantes tranquilos...
Entrando en Galicia a última hora de la mañana, y teniendo en cuenta que mi hermano no salía del trabajo hasta las 17 h, paré en una cuneta a comer unos sánwiches elaborados con mi botín del día anterior y me desvié luego a visitar al apóstol en la Catedral de Santiago de Compostela. 


Buen momento para reflexionar sobre las experiencias de los últimos meses, dar gracias por el éxito de la aventura y pedir por todos los que me acompañaron en el camino.


Y así, a las 16 h, llegaba a Ferrol con un día espléndido deseoso de descanso, de una cerveza y de saludar a mi hermano, el catalán de la morriña...



Emocionante encuentro con Andrés. Tras la gran aventura: muchas cosas que contar. Un par de días de descanso para Khongor que dormiría en la intimidad del taller naval de A3 con todas sus tablas de windsurf y surf....


Y para celebrarlo: una bbq indoor con una fuente de buen vino riojano...


Tras un día de descanso en el que A3 estuvo trabajando en su astillero y yo actualizando el blog en casa, una visita a la majérrima Tereza!! Como siempre: cerveza mediante...


Y por fin llegó el día que justificaba el viaje de 2.200 km a través de la geografía española: mariscada gallega buenísima, copiosa y bien regada, gentileza del Sr. Ingeniero Naval que mejor vive de España!!



Gracias A3!!!