El siguiente punto de aproximación de mi 'soft landing' era Galicia, la visita a mi hemano Andrés que había prometido una buena mariscada de celebración.
Saliendo del Pallars en dirección a Galicia vía Lérida, Zaragoza, Logroño, Burgos y León me sabía ya en España, ya en casa.
Pero un motorista siente de verdad eso cuando empieza a encontrarse con los imperecederos iconos de las carreteras españolas.
500 km hasta Burgos ya era una jornada más larga que lo que he venido haciendo durante los últimos meses. y solamente era la mitad de recorrido hasta Ferrol. Así que tocaba parar para hacer noche y, para que no se sintiera de menos, había que aprovechar la última oportunidad de hacer una acampada rutera en España.
Era domingo 22 de septiembre, así que nada abierto por los pueblos cercanos. Paré en una gasolinera a comprar algo que cenar en mi campamento. No tenían nada parecido al pan ni embutidos más que sandwiches triangulares prefabricados en caja de plástico. Me pareció absolutamente indigno 'celebrar' mi última acampada con estas viandas tan poco castizas. Pero el señor que atendía la gasolinera me puso en bandeja la solución a mi dilema (que no problema). Me hizo sentir como solamente en los hospitalarios países de asia me había sentido. Viéndome dubitativo y decepcionado me ofreció, con mucha prudencia, una bolsa de comida que unos viajeros se habían dejado en las mesas de pic nic de la gasolinera al mediodía. En la bolsa había: pan de molde, varios paquetes de embutidos, un paquete de galletas y una botella de agua. Todo escasamente abierto y empezado pero ¡¡absolutamente aprovechable!!
Así que, con este inesperado botín y muestra de hospitalidad en España, me busqué una apartado emplazamiento en un tramo del Camino de Santiago en el que disfrutar de mi última noche salvaje del viaje.
A la mañana siguiente, habiéndome acostado pronto, estaba en marcha antes del amanecer. Recogí rápido con la ilusión de hacer un tramo nocturo del Camino.
Pero tras media hora disfrutando del off-road nocturno empezaba a encontrarme peregrinos caminando en la oscuridad a los que tenía la sensación de estar rompiendo el momento, más allá del peligro de encontrarlos a oscuras tras cualquier recodo del sendero.... Así que decidí abandonar y regresar a la carretera y dejar a los caminantes tranquilos...
Entrando en Galicia a última hora de la mañana, y teniendo en cuenta que mi hermano no salía del trabajo hasta las 17 h, paré en una cuneta a comer unos sánwiches elaborados con mi botín del día anterior y me desvié luego a visitar al apóstol en la Catedral de Santiago de Compostela.
Buen momento para reflexionar sobre las experiencias de los últimos meses, dar gracias por el éxito de la aventura y pedir por todos los que me acompañaron en el camino.
Y así, a las 16 h, llegaba a Ferrol con un día espléndido deseoso de descanso, de una cerveza y de saludar a mi hermano, el catalán de la morriña...
Emocionante encuentro con Andrés. Tras la gran aventura: muchas cosas que contar. Un par de días de descanso para Khongor que dormiría en la intimidad del taller naval de A3 con todas sus tablas de windsurf y surf....
Y para celebrarlo: una bbq indoor con una fuente de buen vino riojano...
Tras un día de descanso en el que A3 estuvo trabajando en su astillero y yo actualizando el blog en casa, una visita a la majérrima Tereza!! Como siempre: cerveza mediante...
Y por fin llegó el día que justificaba el viaje de 2.200 km a través de la geografía española: mariscada gallega buenísima, copiosa y bien regada, gentileza del Sr. Ingeniero Naval que mejor vive de España!!
Gracias A3!!!



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