miércoles, 9 de octubre de 2024

Y, POR FIN, IBIZA. LOS NIÑOS!!!

 

El lunes 30 de septiembre a las 10 de la noche embarco en el ferry que me devolverá a Ibiza. La incómoda butaca en la que paso la noche dormitando me hace incluso echar de menos mi tienda de campaña y mi colchón hinchable, pero sabe a gloria el saberme acercado a casa, a los niños a los que pretendo ver antes de que salgan hacia el colegio.
A pesar de la plácida mar que nos ha acompañado toda la travesía, el barco llega a puerto dos horas más tarde de lo previsto, las 8 am. No llego a ver a Mateo y Lluc, ¡qué desilusión!
Es día 1 de octubre de 2024, seis meses, 183 días desde la salida. Según lo previsto desembarco del ferry y ruedo por el puerto de Ibiza, estoy en casa. El olor, la temperatura, la visión de todo lo que me rodea es familiar y me devuelve al punto de partida.
Con estas cosas ando embelesado cuando, al salir a la rotonda de salida de la  zona portuaria restringida, dos individuos (uno de ellos encapuchado) salen a mi paso y plantan una pancarta que, con el sol naciente de cara y centrado en mi conducción, me resulta ilegible. Pienso: ya están aquí los exaltados de los movimientos antiturísticos, que este verano han estado tan activos, con sus pancartas de 'TOURIST GO HOME'. Vaya recibimiento chocante....
Pero entonces ¡me llaman por mi nombre! salgo de mis pensamientos, aminoro la marcha, miro mejor y... ¡¡son Mateo y Lluc con una pancarta de bienvenida!!
Leti los ha traído y andan esperándome desde hace ¡¡casi tres horas!!
¡¡Qué emoción!! ¡¡Qué momento!! ¡¡Qué sorpresa!!
¡¡Esto sí es un recibimiento emocionante!!




Camino los niños del colegio, me subo al mirador de Illa Grosa desde donde se divisa mi entorno vital: el puerto de Ibiza, Talamanca y Formentera. Es algo que me gusta hacer siempre que regreso de una larga ausencia de la Isla. 
¡Ya estoy aquí Ibiza!



Y tras esto, y sin mucho más que hacer por el momento,... un chapuzón en las añoradas aguas de nuestra isla...


Khongor en su establo y el traje al armario a la espera de nuevas aventuras.



Y para sentirme en casa definitivamente: un poco de fuego, carne y cerveza con los hijetes ya en casa...


Empieza ahora la aventura de verdad: reinventar mi vida profesional y, en cierta medida, la personal con la inspiración de las experiencias y conocimiento que me ha aportado este viaje...










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