sábado, 13 de julio de 2024

Y MIENTRAS TANTO POR EL NORTE DE EUROPA...

 

Hace casi dos semanas que Andreu y yo emprendimos nuestras propias rutas desde Novosibirsc. Mantenemos contacto de nuestros avances, que desde entonces son muy distintos.

Andreu fue de Novosibirsk a Moscow donde tuvo la oprtunidad de visitar esta fantástica ciudad que yo tendré que dejar para otra ocasión. De allí a Letonia a través de la frontera de Teherova.

Fuera de Rusia ya se terminaron las limitaciones de disponibilidad económica impuestas sobre las tarjetas de crédito y con eso ganó en tranquilidad para cerrar su viaje. Las rutas del norte le vienen evitando los calores de este sur en el que yo me encuentro.

Europa ya es un entorno conocido y, además, ‘hace bajada’ hacia España desde allí arriba….

Así que en breve Andreu terminará su vuelta al mundo y podrá celebrarlo antes que yo con sus seres queridos.

Força Andreu!!

ALMATY EN CATALAN

Almaty fue la capital de Kazajistán hasta 1997. Está pegada a la frontera con Kirguistan. Frontera definida por una inmensa cordillera que en estos meses ya veraniegos siguen presentando nieves en sus cumbres. Estas enormes montañas son el constante telón de fondo de la ciudad.

A diferencia de la joven Astana, Almaty tiene historia, madurez, ambiente, alma, … sus calles son de un tamaño humano que invita al paseo. Sus barrios con edificios con solera se encuentran salpicados por parques con hermosos árboles centenarios.


Dediqué mis visitas a pasear deambulando. Llegué al Mercado Verde y la Catedral Ortodoxa de la Ascensión. Un gran edificio de madera que, al parecer, está construido sin clavos.

El mercado combina de forma curiosa la naturalidad y crudeza de un mercado musulmán con el orden y la limpieza de uno alemán.




En Almaty me encontré con una pareja joven de Tarrasa que viajan alrededor del mundo en sentido opuesto al nuestro en una moto. Albert y Emma, dos treintañeros profesionales del mundo de la informática y la programación que trabajan online y han cogido un año sabático para dar la vuelta al mundo en su Triumpf Tiger 800. Compartimos una elegante cena el día de llegada y una larga comida en una agradable terraza al día siguiente. Fue una fantástica compañía con quien compartir nuestras aventuras y experiencias y recomendarnos cosas del camino que cada cual dejó atrás. Y todo ello, después de muchos días, de nuevo en catalán.

Tan a gusto estuvimos en nuestras conversaciones que ni foto nos hicimos!

CAMINO A ALMATY

 

Kazajistán tiene un territorio, por lo visto hasta el momento, absolutamente llano con alguna montaña suelta y una vegetación árida propia de una estepa desértica. Además las carreteras que comunican los núcleos principales son autopistas de muy buenas características.

Así que este viaje hacia el sur del país, hacia su frontera con Kirguistán, no resulta muy emocionante ni especialmente atractivo sobre la moto. Aún y así me las apañé para acampar dos noches en dos lugares bastante apetecibles. 



Especialmente la segunda noche a orillas del Balkhash, en una playa solitaria de este inmenso y espectacular lago.


El viento y lo llano de las aguas me hicieron recordar las buenas navegadas con mis hijos y hermanos en Port Leucate.

La paz del lugar fue un buen escenario para sacar un rato para escribiros...


El último día de trayecto hacia Almaty tuve un gracioso encuentro en la carretera.

Circulaba a 90 o 100 km/h, con el ruido del motor y el viento retumbando en el casco, como cada día. Iba absorto en mis pensamientos, como es habitual. Y de pronto oigo una voz. Claramente una voz en mis oidos. Perfectamente preceptible a pesar del ensordecedor ruido ambiental. Esto me sacó de mis pensamientos y me concentré; he oido una voz? y de nuevo la oigo. claramente aunque no llego a entenderla. Pienso. Se ha activado el intercomunicador que usaba con Andreu y que hace más de dos semanas que no uso? No es posible. No está conectado a nada, no debe ni tener batería. Y entonces lo veo claro: oigo voces, como los sicópatas de las películas. Se me está yendo la olla. La soledad y las horas de monotonía mántrica sobre la moto están haciendo mella. Y me río. Me río a carcajadas de pensar que me estoy volviendo loco!! Y vuelvo a oir la voz, esta vez acompañada de un sonido más estridente, como una sirena. Y entonces, por el rabillo del ojo, con la limitación visual que supone llevar un casco integral, veo aparecer muy cerca de mi costado izquierdo el morro de un coche de policía. Me hacen señales de que me detenga en el arcén. Debía hacer rato que intentaban comunicarse conmigo con la megafonía...

Una vez en el arcén todos se acercan y nos saludamos dándonos la mano muy cordialmente (creo que es algo que forma parte del protocolo de la pilicía de aquí). En resumen vienen a notificarme que he hecho algún adelantamiento prohibido. Algo perfectamente posible y que si lo he hecho es en aplicación de aquello de: 'allí donde fueres, haz lo que vieres'. Pero bueno. No vamos a discutir con un policiía kazajo que no habla inglés.

Con el traductor de su móvil me comunica que esto es muy grave y que supone una multa que debería pagar en el acto. Le digo que bien, que cuánto es. Y ahí viene la sorpresa: 200 USD. Dólares? le pregunto ojiplático. Le digo que no tengo dólares. Me dice que bueno, que le valen 100 EUR. Y, entendiendo ya el juego, le digo que tampoco tengo euros, que estamos en Kazakhstan y solamente tengo Tengues y pocos (como 10 o 15 € al cambio). Me dice que no se lo cree, que cómo hago para comer con tan poco dinero. y entonces le enseño mi tarjeta de crédito. Y le digo que no hay problema, que saque el datáfono y se lo pago con tarjeta...

Fin de la discusión. Me advierte de que no vuelva a hacerlo o seré detenido. Se va hacia el coche patrulla y entonces reacciono, voy hacia ellos, les doy las gracias (al que estaba al volante también) y les doy una pegatina de Dos que Roden a cada uno y les digo que no dejen de seguirme en la web... Y tan amigos.

En todas partes cuecen habas. No solamente en México... ;-)


sábado, 6 de julio de 2024

ASTANA

Astana es una ciudad fría. Espectacular. Toda ella, prácticamente, son edificios modernos. Se fundó de la nada como nueva capital del país hace menos de 30 años. Y se está construyendo con mucho dinero pero sin historia y sin alma todavía.

Es un escaparate de edificios de arquitectos famosos en medio de una urbanización de ostentosos bloques de viviendas de estética complicada en el que no hay a penas espacios para el ciudadano. Esta última parte es comprensible teniendo en cuenta que en veranos están a 40ºC y en invierno a -40 ºC.








Aún y así no deja de ser un espectáculo deambular en moto por sus calles, que son todas como autopistas, y dejarse sobrecoger por semejantes monumentos a la ostentación, la mayoría sin uso aparente.

En la zona de edificios en los que se celebró la EXPO2017 visité un interesante museo dedicado al aprovechamiento energético en un edificio esférico espectacular.






También fue bonita la visita a la mezquita del Sultan Hazret


He de reconocer que, a recomendación de una persona del lugar con cierto criterio, pasé una tarde muy agradable a orillas del rio Ishim junto al puente Atyrau. 



Un rincón de ambiente joven y familiar, con gente paseando, tocando música, tomando algo en las terrazas. 

Al atardecer, un momento muy humano en esta ciudad inmadura, tomando cervezas y buena carne de caballo asada.





La mejor experiencia, sin duda, en Estana fue conocer a Askhat y su familia. Con el fin de hacer cambio de aceite, filtro y neumáticos de la moto, acabé, preguntando aquí y allí, en un taller en las afueras, en una zona residencial de aspecto humilde. El entorno no daba confianza ninguna. Allí encontré a Askhat en su taller adosado a su casa. Dentro del taller la cosa ya daba otra sensación. Varias motos (incluso de nieve) y quads estaban en reparación. Enorme banco de trabajo con todas las herramientas que uno espera en un lugar así. Decoración personal con sensibilidad. Y Askhat, todo voluntad de servicio y trato a pesar de no hablar a penas nada de inglés. En un momento trajo a su hija Camila de 11 años que nos hizo de traductora y organizamos toda la operación. Primero comer (que se había hecho tarde) con su mujer y su hija. La casa, una vivienda unifamiliar que desde la calle no resultaba nada atractiva, era un primor. La configuración y calidad de cualquiera de las nuestras con un gusto … especial. La hospitalidad y simpatía rebosando en todos ellos. Su mujer (imposible recordar su nombre kazajo) hablaba inglés muy correctamente y era un encanto de belleza, naturalidad, frescura y familiaridad. Eran una familia ejemplar. Como se puede ver, me enamoré de ellos. Comí ese día y desayuné al cabo de otros dos días.



La puesta a punto de la moto pasó por ir a comprar repuestos a varias tiendas juntos en mi moto, planificar para al cabo de dos días, ir juntos a un taller para sustituir las cubiertas en máquina, …. Todo lo necesario, con toda la profesionalidad, con toda la dedicación, con toda la simpatía.





Evidentemente, invitados quedaron a venir a Ibiza cuando Camila tenga 18 años para presentársela a Lluc…

Con la moto a punto y todo cargado de nuevo, emprendí de nuevo ruta aunque con un pequeño cambio de rumbo. A recomendación de todo el que hablé en Astana, tenía que ir a Almatay y sus alrededores que fue la capital original y está redeada de montañas y lagos muy bonitos. Así que fluyendo como un río…de camino estoy.

DE CAMINO A ASTANA, KAZAJISTAN

 La ruta hasta Astana me llevó tres días, unos 1300 km. La carretera y sus paisajes no merecen especial atención. La parte rusa bastante civilizada. La parte kazaja una impresionante llanura de un verde menos fresco que el mongol, anunciando la llegada de zonas más áridas.

Antes de llegar a Kazajistán, hice noche acampado en una solitaria arboleda rusa cerca de la carretera para llegar pronto y fresco la mañana siguiente a la frontera.

Para mi sorpresa, esta fue la frontera más ágil, sencilla y simpática de las atravesadas hasta el momento. ¡Llegué a las 9 de la mañana y a las 9:45 h estaba en territorio kazajo con seguro para la moto contratado incluso! ¡Durante los trámites incluso un oficial militar del lado kazajo se hizo un video conmigo a iniciativa suya!

La carretera de la frontera hasta a Astana es una autopista nivel europeo con muy poco tráfico. A primera hora de la tarde, pensando ya en la posibilidad de llegar a dormir en la ciudad, me quedé sin gasolina en plena autopista. Todavía no tenía cogido el pulso a la distribución de gasolineras en la carretera en este país. Pasaron unos 150 km desde la que debí haber repostado (que no hice porque no estaba en reserva todavía) hasta la que finalmente llegué con la ayuda de Andrei. Un motorista kazajo que, casualmente, venía de Ulan Bator en una Africa Twin se paró a los 10 minutos de haberme quedado tirado. Muy amable y corporativista, no dudó en sacar un par de litros de su depósito para pasarlos al mío y conducir juntos a la siguiente gasolinera que todavía estaba a 50 km. Allí repostamos (a mi costa, claro) y estuvimos casi una hora comunicándonos a base de pocas palabras en un inglés que él no dominaba, fotografías y algo de Google translator. Nos contamos nuestras historias, me ofreció casa para alojarme en Astana y, puesto que le dije que yo todavía pasaba la noche en ruta de acampada, me recomendó un lugar con un río junto a un pueblo donde poder acampar menos expuesto que en la estepa que atravesábamos.

Y en esta acampada tuve la situación más inquietante del viaje hasta el momento.

Tras pasar por el pueblo a comprar algo para cenar, me adentré 2 o 3 km campo a través hasta un recodo del río (seleccionado sobre el mapa) que resultó bastante insulso, incómodo y, además, infestado de mosquitos… Una vez acampado, cayendo la tarde, aparecieron dos chicos de 20-25 años caminando. Nos saludamos y cruzamos cuatro frases cada cual en su idioma, todo en un ambiente de cordialidad y simpatía. Al llegar al lugar yo me había encontrado en el suelo unas gafas de sol de marca Porsche (que solamente se las pondría un ruso o un kazajo), así que, cuando se marchaban, les pregunté si por casualidad las andaban buscando. Para que me entendieran se las enseñé y me dijeron que no eran suyas. Así que, sin tampoco saber qué hacer yo con ellas, se las regalé y se marcharon muy contentos.

En mi pequeña mesa y silla de cámping cené y escribí un rato hasta que los mosquitos me obligaron a meterme en la tienda. Así que pronto, como las 9 o 10 aunque aquí todavía hay luz del sol hasta las 11 o así, dormía.

Me desperté con el sonido de un claxon, el ruido de un motor y las luces de un faro frente a la tiende de campaña a las 2:30 h. Me pegué un susto de la vida. En calzoncillos y camiseta, calzado con las botas de moto, el frontal en la cabeza y armado con mi navajita Tres Claveles de cortar el pan y el queso, salí a ver qué pasaba.

De primeras no veía nada con la luz del faro de una moto que me alumbraba a la cara. Oía la voz de alguien hablando fuerte y exaltado en kazajo (o ruso o vete a saber…).  Al salir del haz de luz y contrarrestar con mi frontal, me encontré con uno de los chavales de la tarde. Sangraba de una ceja y tenía media cara cubierta de sangre. Apagó la moto y se abalanzó sobre mí tambaleándose. Se abalanzó a darme un abrazo. Un abrazo de borracho en plena fase de exaltación de la amistad. Después de muchas frases, gestos, abrazos y apretones de mano, entendí que venía del pueblo a darme las gracias por las gafas. Que estaba con unos amigos en una fiesta y por qué no me iba con él a tomar unas copas. Ante mi prudente y cordial evasiva no paró hasta que se hizo unos videos conmigo y mi moto. Se subió en ella. Lo vi en el suelo, pero tuvo más suerte que yo en otras ocasiones. Llamó a su hermana, que entendí que vivía en Múnich, para hacer un facetime….

Fue posiblemente la media hora más bizarra del viaje… Por fin se marchó a su fiesta y yo pude seguir durmiendo después de limpiarme toda la sangre con la que me había decorado….

A la mañana siguiente recogí el campamento y a las 9 de la mañana estaba desayunando en Astana.

NOVOSIBIRSK

 

No estaba en nuestra ruta pasar por Novosibirsk. Pero Andreu decidió en Mongolia que quería tomar una vía rápida hacia Europa por el norte para evitar los calores extremos de Turquía en pleno verano. Así que planeamos venir a pasar unos días a esta ciudad rusa para organizar su ruta hacia Moscú y replantear nuestro viaje independientemente a partir de este punto.

Hasta el momento ha sido la ciudad que más nos ha sorprendido, posiblemente porque no la habíamos ni imaginado por no estar en el plan. Es una ciudad con solera, agradable urbanísticamente, se respira buen ambiente. Es grande pero sin monstruosidades fuera de escala como hemos visto en otras grandes ciudades. Circulan por sus calles vetustos autobuses y trolebuses, contrastando con bastantes coches modernos. Las tiendas, restaurantes, locales en general tienen clase.

Llegamos a mediodía y, una vez instalados en un buen hotel, fuimos a comer a un restaurante georgiano recomendación de la recepcionista. Una maravilla de sitio donde, en un local bonito y un ambiente agradable y animado comimos muy bien, muy bien servidos y a un precio la mitad que nos habría costado en España.

Tras la comida tomamos una copa en un local vecino en la terraza. La cosa se fue animando hasta encontrarnos inmersos en un concierto en la calle rodeados de nuevos amigos. Pasamos allí la tarde y noche sintiéndonos como dos más del vecindario. No era la primera vez que nos sentíamos así en Rusia.



Una de las personas que conocimos allí fue a Artem, Un chico de 30 años, motorista y emprendedor, dueño de un taller de vinilado de coches de lujo. Resultó ser una bellísima e interesante persona con la que compartimos comida al día siguiente y que nos ayudó mucho con la logística del viaje de Andreu a Moscú.

Los tres días que pasamos en Novosibirsk disfrutamos principalmente sus bares y restaurantes. Con la faceta interesante de la compañía de Artem con quien compartimos grandes conversaciones de la vida, de nuestros países, del mundo….



El día 29 de junio por la mañana, tras estos días urbanitas de edonismo, Andreu y yo nos despedimos. El quedó en la ciudad un par de días más para acabar de organizar su nueva ruta hacia Europa por el norte. Yo continué camino hacia Kazajistán tal como estaba previsto.

sábado, 29 de junio de 2024

MONGOLIA: MONASTERIOS, NATURALEZA Y OFF-ROAD!

 El 16 de junio por la mañana afrontamos el cruce de frontera entre Rusia y Mongolia. La verdad es que, a pesar de la sensación de abandono de las instalaciones fronterizas, los trámites se resuelven de forma ágil y en unas tres horas estamos rodando en territorio mongol!

Directamente rodamos hacia Ulan Bator (UB para los locales) donde pasaremos dos noches disfrutando de una ciudad acogedora y con cierto ambiente para cenar y tomar algo agradable.

Al día siguiente visita de rigor al monumento a Gingis Kan en las afueras de la ciudad. Un monumento imponente en medio de la estepa mongola.




Y de regreso a la ciudad una vista desde una de las colinas que rodean UB.


De nuevo en ruta hacia el oeste en 6 días atravesamos Mongolia. Volvemos a la acampada, esta vez en el inhóspito desierto verde de la estepa mongola.

Por el camino visitamos Kharkhorin (que fue antigua capital del país) y su monasterio de Erdene Zuu. 


Y tras esta visita una emocionante pista nos lleva hasta Bat-Olzii, una pequeña población en un precioso valle con un río que forma unas cascadas que son el atractivo turístico de la zona.

La salida del valle hacia la carretera asfaltada más proxima por el norte supone otra emocionante pista a través de las montañas de unos 100 km de espectacular recorrido que nos lleva una larga mañana.

Y finalmente, para llegar a la frontera que nos devolverá a Rusia para atravesar a Kazajistán, tenemos que hacer un tramo de la carretera A16 (así está indicada en los mapas de carreteras mongoles) de 200 km de pistas atravesando montañas, valles, ríos, lagos, desiertos, ... que resulta ser una auténtica odisea para el recuerdo!!


Tras el día de emociones fuertes e intenso desgaste, llegamos a Nogoonnuur donde cenaremos y dormiremos en casa de Josia y su familia.







SEGUIMOS ADELANTE

Reencontrados en Ulán-Udé compartimos dos días de visita y disfrute de la ciudad.

Especialmente las cenas en el restaurante-pub Churchill frente al monumento de Lenin. Un local de ambiente claramente inglés en el que  comer buena carne asada, cervezas bien servidas y música en directo.




Nos contamos nuestras experiencias de los últimos 4 días en nuestras rutas particulares. Decidimos continuar viaje juntos según el plan previsto.

Siguiente destino: Lago Baikal. Allí nos han recomendado asistir a un festival motero el fin de semana del viernes 14 al domingo 16 de junio.

El jueves 13 recorremos los 300 km que nos separan del festival motero en Baikalsk.

La llegada al Lago Baikal es ... curiosa. En realidad es como llegar al mar. La impresión que genera es más por el conocimiento de que estás frente a un lago del tamaño del mar Balear que por las vistas, que son como las de cualquier costa ya vista...

El festival es en unas pistas de esquí al pie del lago. Un lugar precioso. Hemos llegado un día antes del inicio y a penas se aprecia actividad en la estación. Recorriendo el entorno, porque ni siquiera estamos seguros de no habernos equivocado de lugar, encontramos un grupo de 7 u 8  motoristas acampados en mitad de un prado. Nos acercamos allí, aparcamos las motos al lado, nos presentamos y contamos nuestra aventura,... Inmediatamente tenemos dos vasos de samogon en las manos y dos pescados secos para acompañar. La tarde noche larga transcurre entre risas, historias, música de harmónica (muy poco de la mía y mucho de la de uno de los motoristas rusos que resulta ser un gran músico).

A lo largo de la mañana siguiente van llegando al lugar decenas de motoristas que se van instalando por el lugar y alimentando un ambiente muy simpático en el que los dos motoristas españoles somos un poco la curiosidad del día. Mucha gente se acerca a saber de nuestro viaje. Estamos totalmente inmersos en esta comunidad motera rusa que ha resultado tan hospitalaria.

En medio del inicio del festival, con el ambiente empezando a animarse y la música a sonar, decidimos marcharnos para evitar males mayores para la salud. Recogemos nuestro campamento y, tras despedirnos de nuestros anfitriones, seguimos nuestro camino hacia Mongolia.

Por la carretera todo son motos y más motos que, en sentido opuesto al nuestro, acuden al festival. 




miércoles, 12 de junio de 2024

AMISTAD UNIVERSAL EN LA CARRETERA RUSA

Muchos de vosotros nos despedisteis con, o nos habéis ido recordando: ‘cuidado en Rusia, que está en guerra con Europa…’

Los rusos están gratamente sorprendidos de encontrarnos pululando por aquí… Les generamos curiosidad y están encantados de tener la excusa del viaje en carretera para entablar una conversación y ser amables. Cuando el que te encuentras es un motorista ruso, lo primero es un abrazo. Los camioneros son gente ruda y no suelen acercarse por iniciativa propia. Pero si les saludas mientras enciendes un cigarro o sacas la cantimplora en una zona de descanso no resistirán aprovechar para venir a preguntar y contarte también sus viajes entre Moscú y Magadán. O su trabajo transportando carbón. Disfrutarán simplemente de fumarse un cigarro contigo hablando uno en ruso uno y en español el otro y mirando ahora la moto ahora el camión…

En cada encuentro se cruzan pegatinas de recuerdo, correos electrónicos o teléfonos para encontrarnos en la siguiente ciudad si hacemos noche. Nunca falta el selfie conmemorativo.

La carretera nos da la excusa que deja patente las ganas que tenemos todas las personas de socializar, de conocer, de que nos conozcan, cuanto más lejos mejor. Por encima de las políticas que pretenden ponernos barreras.

CIRCULACIÓN EN LAS CARRETERAS RUSAS

 

Anarquía es lo que reina en las carreteras Rusas. Anarquía y espontaneidad.

Estamos acostumbrados a un orden en nuestras carreteras que hace que los primeros kilómetros en Rusia nos obliguen a reprogramarnos.

En Rusia se conduce por la derecha, como en España; menos mal…. Bueno, no sé. Teniendo en cuenta que entorno al 75 % de los coches tienen el volante a la derecha…quizás mejor hubiera sido conducir por la izquierda. Esto se debe a que comprar coches en Japón (nuevos o muchísimos de segunda mano) les resulta mucho más barato. El resultado: un montón de conductores poco dados a respetar las normas y circulando sin visibilidad para sus maniobras.

Aquí se adelanta cuando uno considera que hay espacio suficiente. No solamente en longitudinal sino en transversal. Si pasamos tres, ¿por qué esperar para adelantar a que pase el de la moto? (piensa el del coche que sale de detrás de un camión y que no me ha visto hasta que ya tenía todo el coche en mi carril). Finalmente te acostumbras a apartarte al arcén para facilitar estas maniobras sin aspavientos.

Las carreteras no son malas en el 90% de su trazado. Pero de vez en cuando se termina el pavimento y durante un par de kilómetros circulas sobre tierra o grava…. O peor, de vez en cuando hay unos baches o agujeros que te obligan a sortearlos para no romper nada. Pero tienes que estar atento porque el trailer que viene de frente a 120 km/h si ve un bache en su carril no vacilará en usar el tuyo para evitarlo. Así que al arcén de nuevo.

La señalización vertical y horizontal es … orientativa. Como diríamos en la burocracia: es preceptiva pero no vinculante… Se puede adelantar cuando quieras. De hecho el coche o camión que alcanzas se arrimará al arcén para que le pases haya o no línea discontinua y venga o no alguien de frente. Si no le adelantas, como que se ofenden….

En medio de la carretera, en medio de ninguna parte, puedes encontrar un trailer de 18 ruedas parado en tu carril (no en el arcén) porque el conductor se ha bajado a mear o a comprar un refresco en unos puestecitos surrealistas que aparecen de la nada. O ambas cosas y fumarse un piti…

También puedes encontrar sin ningún tipo de señalización previa ni balizamiento ni medida de seguridad ninguna una pareja de trabajadores arreglando un bache en medio de la carretera.

Lo de llevar matrícula…debe de ser solamente para los extranjeros pringaos… ni la mitad de los coches llevan.

En fin, que a veces dudo de si la aventura está en salirse de la carretera o quedarse en ella…

TIEMPO DE REFLEXIÓN

 Hace tres días Andreu y yo hemos decidido tomar caminos distintos hasta llegar a Ulán-Udé. Nos quedaban cuatro días para llegar allí. Yo he optado por seguir un ritmo de carretera más lento, deteniéndome más a menudo a visitar entornos fuera de la carretera y acampando de camino a la ciudad.

Esta nueva dinámica está propiciando que sucedan más cosas. Lo estoy disfrutando mucho.

Por fin he podido pegarme un baño en un río precioso en un entorno salvaje.


He pasado frío una noche que amanecí a -1ºC a las 6 de la mañana. En estas circunstancias, en un entorno natural, con las luces y los sonidos del amanecer, el frío tras una noche metido en una tienda de campaña es algo que invita a avivar las brasas de la noche anterior para hacer un café. Ese café ardiente y su cigarro reactivan el cuerpo para empezar a trazar la ruta de un nuevo día que no se sabe dónde terminará.

He conocido gente por el camino, en las gasolineras, en cafés de carretera; motoristas (pocos), camioneros, viajeros, … toda una experiencia social la de la carretera que merece una entrada a parte.



He tenido algún percance, la aventura va de esto. Atravesando un riachuelo bajo un puente de la vía del tren, una mala decisión y un golpe de mala suerte terminaron conmigo y con la moto en el río a las 8 de la mañana… Levantar la moto y sacarla de allí me llevó un rato. Tuve primero que desmontar las maletas para aligerarla, arrastrarla un poco hasta ponerla en llano en el cauce de río (porque había quedado patas arriba y así es imposible levantarla) y con todo eso tuve hecho mi ejercicio matutino, empapado y sudando a la vez a pesar del frío de la mañana. Solamente tuve que lamentar, además de mi falta de pericia, la rotura del retrovisor derecho. Nada importante.



He conocido pueblos lejos de la carretera. En general, la Rusia que estamos viendo es pobre. Y más que pobre (que considero que es un concepto relativo) es sencilla, no conoce el consumismo del capitalismo. Los pueblos, sus edificaciones, sus calles, su aspecto en general es muy humilde. Pero los pueblos lejos de la carretera, a diferencia de los otros, tienen una humildad bella, limpia, digna, atractiva. El barro de las calles es marrón fértil, no gris. Las casas son de madera sin parches de uralita o ladrillos vistos de cualquier forma. Hay animales: vacas, caballos, ovejas, perros, … hay huertos cuidados. Huelen a leña, comida y animales. Su escenario de fondo es una naturaleza gratuitamente majestuosa. Pero para encontrarlos hay que arriesgarse a perderse y salirse de la carretera.









En uno de estos pueblos, que vi a lo lejos desde la carretera y al que llegué buscando comida, pregunté a un chico de una edad como Mateo, unos 14-15 años. El pueblo era atractivo, rural. Era domingo, me dijo que la tienda estaba cerrada. Cuando me despedía me pidió si le acercaba a su casa (todo esto en riguroso Ruso). Pensé que le hacía gracia montar en la moto y que le acompañaría tres ‘calles’. Tres pueblos después, tras 25 minutos campo a través (porque me dirigió por donde él hubiera ido andando) llegamos a su casa. Una humilde casa de madera en una calle de tierra en la que sus vecinos jugaban a la pelota. Entró corriendo a su casa y me pidió que esperase. Salió con su hermano pequeño para presentármelo con orgullo, enseñarle la moto y explicarle su aventura. Me hubiera quedado a vivir…

Hoy duermo en lo alto de una montaña a la que he llegado tras una hora de pistas de tierra que llevan hasta Ulán-Udé. Mañana me quedan dos horas más para llegar hasta allí.



El silencio del bosque roto por los cantos de sus moradores. La oscuridad absoluta. La lejanía de la civilización, la proximidad del mundo.